Elche CF: las armas y las dudas de una plantilla diseñada para sobrevivir en Primera
Emilio Cuadrado / 10-09-2026
El Elche CF ya tiene definida la plantilla con la que afrontará su regreso a Primera División. Después de un mercado de fichajes con numerosos movimientos y de incorporar varias piezas en los últimos días, el conjunto ilicitano encara el tramo inicial de la temporada con un objetivo tan claro como exigente: construir un equipo capaz de competir y, sobre todo, de permanecer en la máxima categoría. La realidad, sin embargo, presenta dos caras. Hay argumentos para confiar en el proyecto, pero también existen dudas que el paso de las jornadas deberá despejar.
La dirección deportiva ha apostado por reforzar prácticamente todas las líneas y dotar a Martín Anselmi de alternativas suficientes para desarrollar su idea de juego. Entre las últimas incorporaciones destacan nombres como Eze Ponce, Thomas Lemar, Rubén Sánchez, Roy Revivo y Kevin Lomónaco, jugadores llamados a tener un papel importante en una plantilla que necesita combinar experiencia, físico y capacidad competitiva.
Uno de los principales argumentos a favor del nuevo Elche está precisamente en la capacidad de incorporar futbolistas con experiencia y perfiles diferentes. Ponce supone una alternativa ofensiva con conocimiento de la competición española, mientras que Lemar aporta calidad y experiencia en la élite. Rubén Sánchez puede ofrecer profundidad y alternativas en banda, y Lomónaco llega para fortalecer una defensa que necesitaba efectivos después de algunas salidas. El objetivo parece claro: aumentar el nivel de una plantilla que afronta una categoría mucho más exigente que la Segunda División.
También hay espacio para la juventud y para futbolistas que ya conocen el club. El Elche necesita que sus jugadores con mayor recorrido asuman responsabilidades y que los jóvenes sean capaces de aprovechar las oportunidades que aparezcan durante la temporada. En una campaña en la que el objetivo principal será la permanencia, disponer de una plantilla amplia puede terminar siendo tan importante como contar con un once titular de garantías.
Sin embargo, las dudas también son evidentes. La adaptación a Primera no es automática y el Elche se encuentra ante una competición en la que los pequeños errores pueden tener consecuencias importantes. El equipo ha mostrado dificultades defensivas en este comienzo de temporada y actualmente suma 12 goles encajados en cuatro jornadas, una cifra que le convierte en el conjunto más goleado de la categoría.
La portería es uno de los focos de atención. Matías Dituro cuenta con experiencia y liderazgo, pero sus actuaciones recientes han generado debate. Alejandro Iturbe aparece como una alternativa que podría ganar protagonismo si Anselmi considera necesario modificar la situación bajo palos. El técnico, por ahora, ha defendido la figura de Dituro, aunque la competencia interna puede convertirse en uno de los principales alicientes de la plantilla.
La defensa representa otro de los grandes interrogantes. La llegada de Lomónaco pretende reforzar una zona que necesita ganar solidez, pero el problema no depende únicamente de los centrales. La estructura defensiva tendrá que estar respaldada por el centro del campo y por un sistema de presión y repliegue capaz de reducir los espacios. Para un equipo cuyo objetivo es la permanencia, encajar menos será probablemente tan importante como aumentar la producción ofensiva.
Y ahí aparece precisamente otra de las armas del Elche: la capacidad para encontrar soluciones en ataque. La presencia de futbolistas como Ponce, Lemar o Fer Niño permite pensar en un equipo con diferentes registros ofensivos. El reto para Anselmi será conseguir que esas individualidades funcionen dentro de un sistema colectivo. La permanencia no se conseguirá únicamente a base de talento, sino encontrando un equilibrio entre la propuesta futbolística del técnico y las características reales de sus jugadores.
El entrenador argentino cuenta, además, con el respaldo público de la dirección del club. Pese al complicado comienzo, desde la entidad se ha transmitido confianza en Anselmi y en el proyecto. Los propios fichajes presentados en los últimos días han respaldado la figura del técnico y han insistido en la necesidad de mantener la unión para revertir la situación.
Ese respaldo será importante. El Elche necesita tiempo para que una plantilla con varias caras nuevas se adapte y para que los conceptos del entrenador sean asimilados. Al mismo tiempo, Primera División no concede demasiado margen. La línea entre construir un proyecto y verse atrapado en una dinámica negativa puede ser muy fina, especialmente para un recién ascendido.
Por eso, más que buscar un culpable concreto o señalar a un jugador determinado, el gran desafío del Elche será conseguir que todas sus piezas encajen. La plantilla tiene argumentos para competir, pero necesita demostrar que puede hacerlo de forma regular. Hay experiencia, juventud, alternativas ofensivas y nuevos refuerzos; también hay incertidumbre en la portería, dudas defensivas y la obligación de adaptarse rápidamente a una categoría en la que cada punto tiene un valor enorme.
El mercado ya está cerrado. Ahora comienza la verdadera prueba para el Elche. La planificación está hecha y Anselmi tiene a su disposición las armas con las que deberá intentar cumplir el objetivo. La plantilla parece diseñada para sobrevivir, pero todavía tiene que demostrar que está preparada para hacerlo. La temporada será, en buena medida, el examen definitivo de una apuesta que ha decidido mirar hacia arriba sin olvidar cuál es su principal misión: permanecer en Primera.
La F1 llega a Madrid: una carrera para vivir también fuera del circuito
Silvia Mato / 09-09-2026
Madrid se prepara para vivir un acontecimiento histórico. Del 11 al 13 de septiembre, la Fórmula 1 aterriza por primera vez en la capital con el Gran Premio de España 2026, una cita que convertirá el entorno de IFEMA y Valdebebas en el epicentro mundial del motor.
El estreno del nuevo circuito Madring promete tres días de velocidad, espectáculo y ambiente de Fórmula 1. Los entrenamientos del viernes darán paso a la clasificación del sábado y, el domingo 13 de septiembre, llegará el momento más esperado: la carrera.
Para muchos aficionados, el Gran Premio será también una buena excusa para hacer una escapada a Madrid. Y, ante la elevada demanda de alojamiento que suele acompañar a grandes eventos, viajar en camper o autocaravana puede convertirse en una alternativa especialmente atractiva. Porque disfrutar de la Fórmula 1 no tiene por qué limitarse a unas horas en las gradas.
Una escapada sobre ruedas
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El último baile de Mestalla: el Valencia afronta su último año en su casa con más preguntas que certezas
Emilio Cuadrado / 08-09-2026
Hay temporadas que comienzan con un objetivo deportivo y otras que lo hacen con una fecha marcada en rojo en el calendario. Para el Valencia CF, la campaña 2026-27 pertenece a la segunda categoría. No será una temporada más. Será la última del club en Mestalla antes del traslado al Nou Mestalla, previsto para el verano de 2027. Y mientras el estadio que ha acompañado al valencianismo durante más de un siglo se prepara para su despedida, el club afronta un presente lleno de interrogantes.
Mestalla no es simplemente el lugar donde juega el Valencia. Es uno de los principales símbolos de su identidad. Durante décadas ha sido escenario de títulos, noches europeas, decepciones, generaciones de futbolistas y una relación especialmente intensa entre el equipo y su afición. Ahora, todo aquello comienza a convertirse en recuerdo. El propio Valencia ha presentado esta temporada como el último capítulo antes de una nueva era, bajo el lema «Mestalla és etern».
El problema es que el Valencia llega a ese último baile en un momento muy alejado del esplendor que el estadio ha conocido.
El club atraviesa una situación deportiva e institucional delicada y, sobre todo, una evidente pérdida de confianza por parte de una afición que lleva años reclamando un cambio de rumbo. La planificación deportiva del verano ha dejado dudas y Ron Gourlay ha tenido que defender públicamente una estrategia basada en la estabilidad, el crecimiento de los jóvenes y las limitaciones impuestas por la situación económica y el Fair Play financiero.
El contraste resulta difícil de ignorar. Mientras Mestalla afronta su última temporada, el Valencia necesita recuperar precisamente aquello que durante años convirtió al estadio en una fortaleza: ilusión.
El último año de una era
La despedida de Mestalla llega después de más de cien años de historia. El estadio fue inaugurado en 1923 y se convirtió desde entonces en una parte inseparable del Valencia y de la ciudad. Por sus gradas han pasado algunos de los mejores jugadores de la historia del club y se han vivido algunos de sus momentos más importantes.
Ahora el calendario ha querido que la última temporada tenga además un componente simbólico: el Valencia disputará su último partido en Mestalla en la jornada 37 frente al Elche, antes de abandonar definitivamente el estadio.
Pero la nostalgia no puede ocultar la realidad. El Valencia necesita que esta temporada sea algo más que una despedida. Necesita utilizarla como puente hacia el futuro.
Ese futuro tiene nombre propio: Nou Mestalla.
Las obras del nuevo estadio avanzan y el club mantiene el objetivo de inaugurarlo en el verano de 2027. En los últimos meses se han instalado los primeros grandes elementos estructurales de la cubierta y el proyecto entra progresivamente en una fase cada vez más visible.
El Valencia ha conseguido además cerrar una financiación de 322 millones de euros para el proyecto, defendiendo que el nuevo estadio permitirá multiplicar los ingresos del actual Mestalla y convertirse en una infraestructura capaz de generar actividad durante todo el año.
Y ahí aparece una de las grandes claves del futuro valencianista.
El Nou Mestalla como punto de inflexión
La nueva casa del Valencia representa una oportunidad económica que el club considera fundamental. También representa un riesgo: confiar demasiado en que un estadio nuevo pueda solucionar problemas que no son exclusivamente económicos.
El Valencia necesita más ingresos, pero también necesita recuperar competitividad deportiva, estabilidad institucional y conexión con su afición. Un estadio moderno puede ayudar a conseguirlo, pero no puede marcar goles ni solucionar por sí solo las decisiones que se tomen en los despachos.
La propia dirección del club ha convertido el Nou Mestalla en una pieza fundamental de su discurso. Gourlay defiende que el proyecto permitirá avanzar hacia un Valencia más estable y competitivo, mientras la entidad insiste en que la nueva infraestructura supondrá una nueva etapa para el club.
La cuestión será si el equipo consigue llegar a esa nueva era en condiciones de aprovecharla.
Porque el gran desafío del Valencia no es únicamente construir un estadio. Es construir un proyecto alrededor de él.
Una despedida que debería ser un comienzo
El último año en Mestalla debería servir para recuperar algo que el Valencia ha ido perdiendo durante los últimos tiempos: la sensación de que existe un proyecto reconocible.
La afición no necesita únicamente promesas de futuro. Necesita motivos para creer en el presente. Y eso obliga a que las decisiones deportivas sean coherentes, que los jóvenes tengan espacio pero también estén rodeados de jugadores capaces de asumir responsabilidades y que la estructura del club deje de transmitir la sensación de improvisación que ha acompañado al Valencia durante demasiados años.
Mestalla puede convertirse, precisamente por última vez, en el punto de encuentro de todas esas necesidades.
El Valencia tiene ante sí una temporada histórica. No solo porque abandona su estadio, sino porque está a las puertas de una transformación que puede marcar su futuro durante décadas. El Nou Mestalla puede convertirse en el símbolo de la recuperación del club o simplemente en un estadio nuevo para un problema antiguo.
La diferencia estará en lo que ocurra durante estos meses.
Por eso, el último baile de Mestalla no debería entenderse únicamente como una despedida. Debería ser una oportunidad. La oportunidad de que el Valencia cierre una etapa mirando hacia adelante y no hacia atrás.
Mestalla seguirá siendo eterno para el valencianismo. La verdadera pregunta es qué Valencia será capaz de llevar consigo cuando llegue el momento de cerrar sus puertas por última vez.
El nuevo Dépor ya no quiere sobrevivir: el ambicioso proyecto de Fernando Soriano
Silvia Mato / 07-09-2026
El Deportivo de La Coruña ha regresado a Primera División después de ocho años y lo ha hecho con una idea que va mucho más allá de intentar mantenerse entre los grandes. El conjunto blanquiazul ha protagonizado uno de los mercados más llamativos del fútbol español, incorporando experiencia, talento y nombres de enorme peso que han cambiado por completo las expectativas alrededor de Riazor.
La llegada de jugadores como Pierre-Emerick Aubameyang, José María Giménez, Marc Casadó, Adama Traoré o Angeliño demuestra que el Deportivo no quiere conformarse con haber recuperado su sitio en la máxima categoría. La dirección deportiva encabezada por Fernando Soriano ha construido una plantilla que combina futbolistas jóvenes con jugadores de una trayectoria contrastada. Una mezcla que refleja la ambición de un proyecto que pretende tener continuidad en Primera.
El propio Soriano ha querido rebajar las expectativas en los últimos días. El director deportivo recuerda que la prioridad continúa siendo la permanencia y reconoce que mantener la categoría será una tarea complicada. Sin embargo, también defiende que el proyecto blanquiazul es "muy sostenible" y "muy sólido", dos conceptos que ayudan a entender qué está buscando el Deportivo más allá de los resultados inmediatos.
Una plantilla para algo más que sobrevivir
El gran cambio respecto al Deportivo que consiguió el ascenso está en la dimensión de su plantilla. El club no se ha limitado a reforzar las posiciones más débiles con futbolistas acostumbrados a pelear por la permanencia. Ha buscado jugadores capaces de elevar el nivel competitivo del equipo.
Aubameyang representa perfectamente esa apuesta. El delantero gabonés, a sus 37 años, llegó a A Coruña rodeado de dudas por su edad, pero se ha convertido rápidamente en uno de los grandes protagonistas del inicio de temporada. Su rendimiento y su influencia dentro del vestuario han confirmado que su fichaje no responde únicamente a una cuestión de nombre, sino también a la intención de incorporar experiencia y talento diferencial.
Algo similar sucede con Giménez. El central uruguayo, cedido por el Atlético de Madrid, aporta una experiencia internacional que puede resultar fundamental para un equipo que acaba de regresar a Primera. Su llegada no solo refuerza la defensa, sino que introduce un perfil de liderazgo que hasta ahora no abundaba en una plantilla con muchos jugadores jóvenes.
Y junto a ellos aparecen apuestas de futuro como Casadó, Leo Román, Amatucci, Asp-Jensen, Bright Ede o Teun Gijselhart. El mensaje parece claro: el Deportivo quiere competir en el presente sin dejar de construir el futuro.
La nueva mentalidad del club
La transformación no se explica únicamente por los fichajes. Detrás existe una estrategia que busca devolver al Deportivo una estabilidad que durante los últimos años parecía lejana.
El regreso a Primera ha permitido aumentar las posibilidades económicas y deportivas del club, pero desde la dirección deportiva insisten en que el objetivo es utilizar ese crecimiento con cabeza. Soriano ya había señalado durante la planificación del ascenso que el club debía aprovechar el nuevo escenario sin perder el control de su estructura. Ahora insiste en que el proyecto no está diseñado para vender rápidamente a sus mejores jugadores, sino para mantenerlos durante el mayor tiempo posible.
Ese detalle resulta importante. El Deportivo no parece querer repetir errores del pasado ni convertir el regreso a Primera en una aventura de una sola temporada. La apuesta consiste en consolidar al club en la élite y, a partir de ahí, seguir creciendo.
La permanencia como punto de partida
Paradójicamente, cuanto más ilusionante se vuelve el proyecto, más necesario resulta recordar cuál es el objetivo oficial. Fernando Soriano no ha cambiado el discurso: el Dépor es un recién ascendido y la permanencia continúa siendo la prioridad.
Pero una cosa es marcar la permanencia como objetivo y otra muy diferente construir una plantilla pensada únicamente para evitar el descenso. Ahí está la principal diferencia del nuevo Deportivo.
La sensación que transmite el club es que salvarse no debe ser el destino final, sino el primer paso. La llegada de futbolistas con experiencia en grandes equipos europeos, la apuesta por jóvenes con proyección y la continuidad de una base que logró el ascenso apuntan hacia un proyecto diseñado para crecer.
Por eso, el verdadero éxito del Deportivo esta temporada no debería medirse únicamente por su posición final en la clasificación. También por la capacidad del club para demostrar que su regreso a Primera no es pasajero.
Después de ocho años lejos de la élite, el Dépor vuelve a estar donde históricamente quiere estar. Ahora Fernando Soriano y la estructura blanquiazul tienen un reto todavía mayor: conseguir que Riazor deje de mirar hacia arriba con nostalgia y vuelva a acostumbrarse a mirar hacia adelante con ambición.
El Racing ya no piensa como un recién ascendido: el ambicioso proyecto que nace en Santander
Emilio Cuadrado / 06-09-2026
El regreso del Racing de Santander a Primera División no parece planteado únicamente como una aventura de supervivencia. El conjunto cántabro ha aprovechado el mercado de fichajes para dar un paso más y construir una plantilla que transmite una idea clara: el objetivo no es simplemente estar de paso en la máxima categoría, sino sentar las bases de un proyecto capaz de mantenerse en ella.
El mercado verdiblanco ha sido una declaración de intenciones. Hasta 14 incorporaciones han llegado a Santander en un verano marcado por una profunda renovación de la plantilla y por una inversión cercana a los diecisite millones de euros, una cifra que refleja el cambio de dimensión que está experimentando el club.
Sergio Canales representa una de las caras más visibles de este nuevo Racing. El regreso del futbolista cántabro aporta experiencia, calidad y un fuerte componente emocional, pero su fichaje también encaja en una planificación que ha buscado combinar jugadores consolidados con apuestas de futuro. Junto a él han llegado nombres como Yassir Zabiri, Iván Martín, Matteo Prati, Agirrezabala, Pedro Felipe, Iker Luque, Aarón Martín o Jeanuël Belocian, además de las incorporaciones de Pablo García y André Almeida en el tramo final del mercado.
La estrategia resulta evidente: construir una plantilla competitiva para el presente sin renunciar a jugadores que puedan convertirse en activos importantes para el futuro. Ese equilibrio es precisamente el que diferencia al Racing actual del típico recién ascendido que se limita a incorporar futbolistas experimentados para intentar evitar el descenso.
Chema Aragón ha sido una de las figuras fundamentales en este cambio de mentalidad. El director deportivo ha liderado un mercado en el que el club ha mostrado una capacidad económica y una ambición que hace pocos años parecían difíciles de imaginar. El propio Aragón cifró la inversión del verano en torno a los 17 millones de euros y destacó la valentía de la propiedad a la hora de apostar económicamente por jugadores considerados importantes para el proyecto.
Pero la ambición del Racing no se encuentra únicamente en los fichajes. Uno de los movimientos más significativos del verano ha sido precisamente no desprenderse de Jorge Salinas. El joven defensa cántabro ha despertado el interés de algunos de los grandes clubes españoles, pero continuará en Santander después de que ningún equipo abonara su cláusula. Su continuidad supone también un mensaje: el Racing no quiere limitarse a formar jugadores para que otros clubes se los lleven cuando alcanzan el primer equipo.
La apuesta por Salinas encaja con otro de los pilares del proyecto: la cantera. El club mantiene una estructura de formación que pretende convertir a sus jóvenes talentos en parte del futuro del primer equipo y, llegado el caso, en importantes activos económicos. La inversión en las categorías inferiores y el desarrollo de herramientas propias de captación y seguimiento forman parte de una estrategia que busca que el crecimiento deportivo vaya acompañado de una estructura sostenible.
Y si la continuidad de Salinas ya era significativa, el último golpe del mercado terminó de confirmar las intenciones racinguistas. Pablo García llegó procedente del Real Betis como una de las grandes operaciones del cierre del mercado. El joven extremo se convirtió en la guinda de un verano frenético para Chema Aragón y en otra muestra de que el Racing está dispuesto a competir por futbolistas con potencial y no únicamente por jugadores acostumbrados a pelear por la permanencia.
Todo esto cambia inevitablemente las expectativas. El Racing regresa a Primera después de catorce años, pero lo hace con una plantilla completamente renovada, jugadores de experiencia, jóvenes promesas y una inversión considerable detrás. La intención parece clara: que el ascenso no sea el final del camino, sino el comienzo de una nueva etapa.
Eso no significa que el club tenga garantizado el éxito. La Primera División exige mucho más que una buena planificación y una plantilla atractiva. Habrá que comprobar cómo encajan las nuevas piezas, cuánto tardan los jóvenes en adaptarse y si el equipo de José Alberto consigue transformar toda esa inversión en rendimiento sobre el césped.
Además, el mercado también dejó una asignatura pendiente. El Racing no consiguió incorporar un lateral derecho, pese a que la dirección deportiva buscó alternativas hasta el último momento. El club confía ahora en soluciones como Mantilla o Pablo Ramón para cubrir esa posición.
Sin embargo, incluso esa carencia queda en segundo plano ante la dimensión del proyecto que se ha construido durante el verano. El Racing ya no parece pensar como un recién ascendido que busca sobrevivir. Piensa como un club que quiere consolidarse.
La gran pregunta, por tanto, ya no es únicamente si el Racing será capaz de mantenerse en Primera. La verdadera cuestión es si Santander está ante el nacimiento de un proyecto destinado a quedarse durante muchos años en la élite.
El tiempo y los resultados tendrán la última palabra, pero el mercado ha dejado una primera respuesta: el Racing ya no quiere comportarse como un recién ascendido. Quiere empezar a pensar como un club de Primera.
La Cerámica cambia de piel: el Villarreal quiere convertir su estadio en mucho más que un campo de fútbol
Silvia Mato / 05-09-2026
El Villarreal afronta una nueva etapa y no solo lo hace sobre el terreno de juego. Mientras el equipo amarillo se prepara para una temporada marcada por el regreso a la Champions League y por la llegada de Íñigo Pérez al banquillo, el club continúa dando pasos para transformar uno de sus principales símbolos: el Estadio de la Cerámica. La remodelación del feudo amarillo se ha convertido en una de las grandes apuestas de futuro de la entidad.
La primera fase de las obras ya ha llegado a su fin y ha permitido que el estadio vuelva a acoger con normalidad la actividad del primer equipo. Entre las actuaciones realizadas destacan mejoras en los accesos, nuevos vomitorios y cambios en los pasillos de distribución, con el objetivo de facilitar el movimiento de los aficionados y aumentar la seguridad dentro del recinto.
Pero el proyecto no termina aquí. El Villarreal continúa trabajando en la transformación de La Cerámica con nuevas actuaciones que pretenden mejorar tanto la experiencia del aficionado como los servicios que ofrece el estadio. Una de las siguientes fases contempla seis nuevos vomitorios y nuevos accesos, entre ellos uno desde el Jardí del Pou d'Amorós. También está prevista la construcción de un edificio anexo en la zona de Fondo Norte y Tribuna, que permitirá ampliar los espacios y servicios disponibles.
La intención del club va más allá de conseguir un estadio más moderno. El Villarreal quiere que La Cerámica se convierta progresivamente en un espacio capaz de acoger diferentes actividades y eventos durante todo el año. De esta manera, el recinto dejaría de ser únicamente el lugar donde juega el primer equipo para convertirse también en un punto de encuentro para la ciudad de Vila-real y para toda la provincia de Castellón.
La ampliación también tiene una consecuencia directa para los aficionados. Tras las últimas actuaciones, La Cerámica cuenta ahora con 23.173 localidades, con algo más de 21.000 asientos destinados a la zona local y alrededor de 2.000 para la afición visitante. La nueva capacidad permite al club disponer de más margen y mejorar la distribución de los espectadores.
Y si las obras representan la apuesta del Villarreal por crecer, la respuesta de la afición demuestra que existe una base sólida sobre la que hacerlo. El club ha superado recientemente los 19.000 abonados para la temporada 2026/27, una cifra que refleja la fidelidad de una afición que continúa respaldando al equipo incluso en un momento de cambios importantes.
Este dato adquiere todavía más importancia teniendo en cuenta que el Villarreal afronta una temporada especialmente exigente. El equipo tendrá que compaginar LaLiga y la Copa del Rey con su regreso a la máxima competición continental. La Champions supone un nuevo escaparate para un club que quiere seguir creciendo y que necesita que sus instalaciones estén a la altura de las exigencias de la élite europea.
La transformación de La Cerámica, por tanto, forma parte de un proyecto mucho más amplio. El Villarreal no pretende limitar su crecimiento al rendimiento de su primera plantilla. La modernización de sus instalaciones y la ampliación de los servicios buscan construir una estructura capaz de sostener al club a largo plazo.
Además, el momento elegido no es casual. El Villarreal acaba de iniciar una nueva etapa deportiva con Íñigo Pérez y afronta una temporada en la que las expectativas vuelven a ser elevadas. El cambio de entrenador coincide con una renovación progresiva de las infraestructuras y con el regreso del club a la Champions. Son diferentes piezas de un mismo proceso: consolidar al Villarreal entre los equipos importantes del fútbol español y devolverle presencia habitual en el panorama europeo.
La Cerámica será uno de los grandes escenarios de ese proceso. Su transformación representa, en cierto modo, la evolución que ha experimentado el propio Villarreal durante las últimas décadas. El club que durante muchos años fue considerado una excepción por su capacidad para competir desde una ciudad pequeña busca ahora seguir creciendo sin perder una de sus principales señas de identidad: la cercanía con su afición.
El estadio renovado también tendrá que convertirse en un elemento de conexión entre el equipo y sus seguidores. Con más capacidad, mejores accesos y nuevos espacios, el objetivo es que acudir a La Cerámica sea una experiencia que vaya más allá de los 90 minutos de fútbol.
Por ahora, las obras continúan. Pero el mensaje que transmite el Villarreal es claro: el futuro del club no se está construyendo únicamente en el césped. También se está levantando alrededor de él. Con más de 19.000 abonados, un estadio que alcanza las 23.173 localidades y una temporada en la que el equipo volverá a enfrentarse a los grandes de Europa, La Cerámica quiere convertirse en mucho más que la casa del Villarreal. Quiere ser uno de los motores del crecimiento de todo el proyecto amarillo.
Hay algo que ha cambiado en Osasuna respecto a lo que se podía esperar hace apenas unas semanas. El conjunto rojillo afrontaba el inicio de temporada rodeado de incógnitas, con un nuevo entrenador y después de un curso en el que las sensaciones no habían terminado de convencer. Sin embargo, las primeras jornadas han servido para despejar parte de esas dudas. Luis Miguel Ramis ha conseguido que Osasuna vuelva a reconocerse sobre el césped.
Los resultados son la primera evidencia. Siete puntos de nueve posibles han colocado al conjunto navarro en la zona alta de la clasificación y han convertido su inicio en el mejor desde la temporada 2004-05. Pero reducir el trabajo de Ramis a los números sería quedarse en la superficie. Lo verdaderamente interesante es que Osasuna empieza a mostrar una personalidad propia.
Ramis llegó a Pamplona con la misión de iniciar una nueva etapa. El club volvía a cambiar de entrenador después de un periodo de cierta inestabilidad en el banquillo y necesitaba recuperar sensaciones. El técnico catalán apostó desde el principio por un equipo ordenado, intenso y competitivo. Un Osasuna que quizá no busque dominar los partidos a través de la posesión, pero que sí pretende tener claro qué hacer cuando no tiene el balón y cómo aprovechar sus oportunidades cuando lo recupera.
Esa puede ser precisamente una de las principales señas de identidad del nuevo proyecto. Osasuna está construyendo desde el orden. La solidez defensiva se ha convertido en uno de los pilares del equipo y los rojillos solamente han encajado un gol en las tres primeras jornadas. No es casualidad que Ramis haya insistido en la importancia de mantener las distancias entre líneas y de competir cada acción.
También existe una segunda característica: la capacidad de aprovechar diferentes perfiles. El entrenador ya ha utilizado a 18 futbolistas en este comienzo de campeonato, una cifra que demuestra que no parece existir un grupo cerrado de titulares y suplentes. Las lesiones y las circunstancias de cada encuentro han obligado a realizar cambios, pero la respuesta de la plantilla ha sido positiva. Incluso jugadores del filial han tenido presencia en la dinámica del primer equipo.
Esto último conecta con una de las grandes necesidades históricas de Osasuna. El club no puede competir en el mercado en igualdad de condiciones con los grandes presupuestos de Primera División. Por eso, la capacidad para sacar rendimiento a los jugadores de Tajonar continúa siendo fundamental. Ramis parece haber entendido que la profundidad de plantilla no solamente se consigue fichando, sino también dando oportunidades a quienes vienen desde abajo.
El mercado de fichajes también ha ayudado a dibujar el nuevo Osasuna. El club ha cerrado cuatro incorporaciones —Romain Del Castillo, Rockson Yeboah, Diego Rico y Jonathan Dubasin— para compensar las salidas producidas durante el verano. El movimiento responde a una planificación que busca mantener una base competitiva sin romper con la filosofía económica de la entidad.
Pero, sobre todo, el nuevo Osasuna parece haber recuperado algo que necesitaba: confianza. La plantilla ha empezado a creer en una idea y eso se refleja en la manera de competir. No es todavía un equipo perfecto. Hay aspectos ofensivos que deben mejorar y algunos encuentros han demostrado que todavía existe margen para generar más fútbol y controlar mejor los partidos. De hecho, ya han aparecido voces que señalan el carácter conservador de algunas actuaciones.
Y ahí está precisamente el gran reto de Ramis. Mantener la fortaleza defensiva sin convertirla en una limitación. Conseguir que Osasuna sea un equipo incómodo para sus rivales, pero también capaz de proponer más cuando las circunstancias lo exijan. La identidad no consiste únicamente en defender bien: también significa saber qué hacer con el balón y encontrar diferentes caminos hacia la victoria.
Por ahora, el técnico ha conseguido algo que no era sencillo: cambiar el estado de ánimo alrededor del equipo. Después de un final de temporada complicado y de las dudas que siempre genera un cambio de entrenador, Osasuna ha comenzado el nuevo curso con ilusión. Ramis no ha necesitado revolucionar completamente el equipo. Ha construido sobre una base conocida y ha añadido sus propios conceptos.
Todavía es demasiado pronto para saber hasta dónde puede llegar este Osasuna. Hablar de Europa después de solamente tres jornadas sería precipitado. Sin embargo, sí existe una conclusión que empieza a resultar evidente: el Osasuna de Ramis ya sabe a qué quiere jugar.
Ahora llega la parte difícil. Mantener esa identidad cuando aparezcan las derrotas, las lesiones, la presión y los momentos complicados. Si el equipo consigue conservar la intensidad, el orden y la confianza mostrados en este inicio y, al mismo tiempo, encuentra una mayor capacidad ofensiva, Ramis puede haber encontrado algo más importante que un buen comienzo: el punto de partida de un nuevo Osasuna.
NBA vs. Euroliga: la batalla que puede cambiar para siempre el baloncesto europeo
Silvia Mato / 02-09-2026
El baloncesto europeo se encuentra ante uno de los mayores cambios de su historia. Mientras la Euroliga prepara una expansión hasta los 24 equipos, la NBA avanza con su proyecto para crear una competición propia en Europa. Dos modelos, un mismo mercado y una pregunta cada vez más difícil de evitar: ¿quién tendrá el control del futuro del baloncesto en el continente?
Durante décadas, Europa ha tenido su propio ecosistema baloncestístico. La Euroliga se convirtió en la gran competición continental, los clubes construyeron identidades propias y las rivalidades entre equipos como Real Madrid, Barcelona, Olympiacos, Panathinaikos o Fenerbahçe trascendieron las fronteras de sus respectivos países.
Pero ese escenario está cambiando.
La temporada 2026-27 comenzará todavía con una Euroliga de 20 equipos, pero el proyecto ya mira mucho más allá. La competición ha confirmado sus planes para crecer hasta los 24 clubes en la temporada 2027-28 y está avanzando hacia un modelo con más plazas permanentes y una estructura cada vez más cercana al concepto de franquicia. De hecho, once candidatos han presentado propuestas para optar a nuevas plazas, en un proceso que representa cientos de millones de euros.
Y al otro lado aparece la NBA.
La liga estadounidense lleva tiempo viendo Europa como un mercado con un enorme potencial económico y deportivo. Su proyecto NBA Europe, impulsado junto a FIBA, pretende desembocar en una nueva competición continental a partir de 2027. El problema es evidente: la NBA no llega a un continente vacío. Llega a un territorio donde la Euroliga ya tiene clubes, aficionados, historia, patrocinadores y una competición consolidada.
Ahí nace la gran batalla.
Dos modelos para dominar un mismo mercado
La diferencia no está únicamente en quién organiza los partidos. Está en el modelo de negocio.
La NBA representa una estructura extremadamente potente desde el punto de vista comercial: grandes mercados, derechos audiovisuales, patrocinadores globales y una capacidad de generar ingresos muy superior a la de cualquier competición europea.
La Euroliga, en cambio, posee algo que no se puede comprar fácilmente: identidad.
El aficionado europeo no vive el baloncesto de la misma manera que el estadounidense. En Europa, los clubes forman parte de la cultura deportiva de las ciudades. Las rivalidades históricas, los pabellones y las aficiones son elementos fundamentales del espectáculo.
El riesgo para la Euroliga es quedarse atrás económicamente. El riesgo para la NBA es pensar que puede trasladar directamente su modelo a Europa sin tener en cuenta las particularidades del continente.
Y ahí está precisamente la clave.
La Euroliga mueve ficha
La respuesta europea no está siendo quedarse de brazos cruzados.
La expansión hasta los 24 equipos pretende aumentar el valor de la competición y darle una mayor estabilidad a los clubes. Además, la Euroliga ha apostado por nuevos productos comerciales. El mejor ejemplo llegará este mismo mes con la primera Supercopa de la Euroliga, que se disputará en Abu Dabi los días 18 y 19 de septiembre con Olympiacos, Fenerbahçe, Panathinaikos y Dubai Basketball.
La elección de Abu Dabi tampoco es casual.
El baloncesto europeo lleva tiempo buscando nuevos mercados y nuevas fuentes de ingresos. Oriente Medio aparece como uno de los grandes territorios de expansión, y la presencia de Dubai Basketball en la Euroliga es otro síntoma de que el mapa tradicional del baloncesto continental está cambiando.
La pregunta es si estas decisiones son una evolución natural o una respuesta directa al avance de la NBA.
¿Y qué ocurrirá con los grandes clubes?
Aquí aparece uno de los grandes interrogantes.
Real Madrid, Barcelona, Fenerbahçe, Olympiacos o Panathinaikos son mucho más que simples participantes de una competición. Son marcas deportivas con millones de seguidores y una enorme capacidad de generar ingresos.
Por eso, el futuro de estos clubes será determinante.
El Real Madrid, por ejemplo, ha apostado finalmente por continuar en la Euroliga durante los próximos diez años, cerrando por ahora la puerta a una salida inmediata hacia el proyecto de la NBA.
Pero que un club haya elegido la estabilidad actual no significa que la batalla esté terminada.
Si la NBA consigue crear una competición europea económicamente muy atractiva, los grandes clubes tendrán que decidir entre permanecer en el modelo tradicional o apostar por un nuevo escenario.
Y esa decisión puede cambiar completamente el equilibrio de poder.
El gran peligro: dividir Europa
El peor escenario para el aficionado podría ser precisamente que ambos proyectos terminen enfrentándose frontalmente.
Una Euroliga por un lado y una NBA Europe por otro significaría más partidos, más competiciones y, probablemente, un calendario todavía más saturado.
Los jugadores serían los primeros afectados.
La temporada europea ya exige una enorme cantidad de encuentros entre liga nacional, Euroliga, copas y competiciones internacionales. Añadir una nueva estructura sin resolver previamente el calendario podría convertir el baloncesto de clubes en una carrera de resistencia.
El propio sindicato de jugadores de la NBA ya ha mostrado preocupación por cómo se está planteando el proyecto europeo y por la distribución de los beneficios económicos que genere.
Por tanto, el debate no es únicamente económico. También es deportivo.
Una oportunidad histórica
Sin embargo, también existe una lectura positiva.
La competencia entre ambos proyectos puede hacer que el baloncesto europeo crezca como nunca.
Más inversión, mejores pabellones, mayores salarios, mejores derechos televisivos, nuevos mercados y una mayor exposición internacional podrían convertir a Europa en uno de los grandes centros mundiales del baloncesto.
El problema será encontrar el equilibrio.
La NBA tiene el dinero y la marca global. La Euroliga tiene la historia, los clubes y las aficiones.
Quizá el futuro no tenga que ser una guerra entre ambas.
Quizá el verdadero ganador sea el baloncesto si ambas partes consiguen encontrar un acuerdo.
Pero si finalmente no existe entendimiento, 2027 puede convertirse en el año que marque un antes y un después.
Porque la próxima gran batalla del baloncesto ya no se disputará únicamente sobre una cancha.
Se jugará en los despachos, en los mercados y por el control del futuro de Europa.
España vuelve al Mundial, pero la pregunta ya no es si estará: ¿hasta dónde puede llegar?
Emilio Cuadrado / 01-09-2026
España volverá a disputar un Mundial de rugby. La clasificación para Australia 2027 ya no es un sueño ni una posibilidad: es una realidad. Sin embargo, con el billete conseguido, comienza una etapa mucho más exigente. El verdadero reto de Los Leones no será estar entre los mejores del mundo, sino demostrar que tienen argumentos para competir contra ellos.
El sorteo ha colocado a España en el Grupo C junto a Argentina, Fiyi y Canadá. A primera vista, el camino parece complicado. Argentina ocupa actualmente la octava posición del ranking mundial y Fiyi la novena, mientras que España se encuentra en torno al puesto 18. No hay que olvidar, además, que Argentina viene de alcanzar un nivel competitivo muy alto frente a las grandes potencias y que Fiyi es uno de los equipos más peligrosos del rugby internacional cuando consigue imponer su ritmo. Canadá, aunque más cercana al nivel español, tampoco será un rival sencillo.
El nuevo formato del Mundial añade todavía más interés. Australia 2027 contará por primera vez con 24 selecciones repartidas en seis grupos de cuatro. Los dos primeros de cada grupo pasarán a octavos, junto con los cuatro mejores terceros. Esto significa que España no necesita necesariamente quedar entre los dos primeros para seguir viva, pero sí deberá competir prácticamente desde el primer minuto.
Y ahí está precisamente la gran pregunta: ¿puede hacerlo?
Los últimos resultados ofrecen motivos para el optimismo, pero también señales de alarma. En la Nations Cup, España venció a Tonga por 32-19 y empató 42-42 ante Canadá en un partido espectacular y muy igualado. Sin embargo, cayó posteriormente frente a Estados Unidos por 29-22. Es decir, Los Leones han demostrado que pueden plantar cara a selecciones de un nivel parecido, pero todavía necesitan dar un salto para enfrentarse con garantías a equipos instalados en la élite.
Ese salto pasa, sobre todo, por la regularidad. España puede ofrecer fases de rugby de gran nivel, pero en un Mundial los pequeños errores se pagan mucho más caros. La defensa, la disciplina, la gestión de los finales de partido y la capacidad para mantener la intensidad durante los 80 minutos serán aspectos fundamentales.
También será clave aprovechar el año que queda. La selección todavía tendrá competición antes de viajar a Australia. En noviembre disputará la fase final de la Nations Cup contra Uruguay, Chile y Samoa, tres encuentros que servirán como una prueba importante en el camino hacia el Mundial. Además, la franquicia Castilla y León Iberians está reforzando su plantilla precisamente con Australia 2027 como objetivo, una muestra de que la preparación ya no se limita exclusivamente a las concentraciones de Los Leones.
España ya sabe lo que significa clasificarse para un Mundial. Ahora debe demostrar que su presencia no es anecdótica. Argentina y Fiyi parten claramente por delante, pero Canadá ha demostrado que puede ser un rival al alcance. El objetivo realista debería ser competir por la segunda plaza o, como mínimo, entrar en la pelea por uno de los cuatro puestos de mejor tercero que dan acceso a octavos.
El Mundial todavía queda a más de un año, pero el examen ya ha comenzado. España tiene tiempo para crecer, corregir errores y construir un equipo capaz de competir. La clasificación fue el premio. Australia 2027 será la prueba de madurez.