Guillermo Gómez, talento y constancia sobre ruedas
María Garlo / 08-04-2026
Guillermo Gómez, campeón del mundo de patinaje artístico en línea, se ha consolidado como una de las grandes promesas de este deporte. Con apenas 18 años, ha ganado la World Cup durante cuatro años consecutivos (2022-2025) y ha sido World Junior Champion en 2024 y 2025. Además, ha conquistado cinco títulos consecutivos de campeón de España desde 2021 y se ha llevado el oro en el campeonato de Europa en 2021, 2022 y 2025. Estos logros reflejan tanto su constancia como su talento innato.
Guillermo comenzó a patinar a los tres años, gracias a la insistencia de sus padres, quienes lo apuntaron a clases. Desde entonces, su progresión ha sido continua. Inició su trayectoria en un club de Aranjuez y más adelante se unió al club Ocaña. Fue entonces cuando su entrenador actual identificó su potencial y le propuso cambiar de club para dar el salto definitivo hacia la élite del patinaje.
Desde sus primeros campeonatos nacionales, en los que quedó tercero y cuarto, hasta convertirse en campeón del mundo, Guillermo ha vivido un proceso largo y exigente. “Si miro atrás pues ha sido un poco largo, pero ahora lo pienso y digo ostras qué pereza volver a hacer todo el camino pero cuando lo estás viviendo no eres consciente del tiempo que está pasando”, reflexiona. Durante la pandemia, experimentó una gran mejora que lo posicionó como favorito en las competiciones y lo llevó a conquistar tanto campeonatos de España como de Europa.
Competir al más alto nivel requiere dedicación total y manejo de la presión. Guillermo comenta que, aunque el público solo vea una actuación de cuatro minutos, el trabajo que hay detrás es enorme: “Cada cosa es un desglose, primero para aguantar esos cuatro minutos se necesita un entrenamiento diario haciendo resistencia y luego las piruetas y los saltos hay que entrenarlas todas intentando siempre aumentar la dificultad”, afirma para HA10. Este esfuerzo físico se combina con la parte artística y la preparación mental: “Es un deporte muy psicológico, ya que un pequeño fallo puede cambiar toda la competencia. Si tu pie tiembla un poco, puede afectar la técnica del salto o la pirueta", asegura.
El madrileño se siente más artista que patinador: “Lo importante aparte de ganar es hacerlo con el orgullo de saber que has gustado, que aparte de que objetivamente los jueces me pongan o no de primero me gusta que la gente me quiera de ganador”. Para él, la huella y las sensaciones que transmite al público son fundamentales: "Me gusta que la gente diga: ‘me ha emocionado, ha patinado muy bien, es mi ganador moral’".
Una curiosidad que lo diferencia es que Guillermo ha logrado homologar una pirueta propia en el reglamento oficial de su disciplina, la cual además otorga la máxima puntuación posible. “Cuando me dijo mi entrenador que la habían confirmado, me dio bastante felicidad”, explica. Desde entonces, la pirueta se ha convertido en su firma en cada competición.
A través de las redes sociales, Guillermo busca aumentar la visibilidad del patinaje artístico sobre ruedas, un deporte que aún está lejos de recibir el reconocimiento que merece. "Con las redes, intento acercar este deporte a más personas", comenta. Uno de sus mayores retos es la falta de inclusión en los Juegos Olímpicos, algo que le “resulta desmotivante” pero que ha “asimilado”, manteniendo la esperanza de que algún día sea reconocido.
El deporte de élite exige sacrificios personales y económicos. Guillermo reconoce que el patinaje no garantiza una vida sin preocupaciones, como ocurre en otros deportes, por lo que recalca la importancia de los estudios: “Hay que tener siempre unos estudios porque la vida sigue”. Sin embargo, para él, los sacrificios valen la pena: “Los sacrificios merecen la pena, siempre y cuando lo hagas porque es lo que de verdad te gusta y porque tú disfrutas de hacerlo, nada en esta vida es gratis, hay que sufrir para todo siempre y cuando no dejes de lado ni tu vida social ni los estudios”, reflexiona para HA10. Además, resalta que no hay que obsesionarse con el éxito, sino disfrutar del proceso.
En cuanto a sus objetivos, Guillermo espera mantenerse en la primera posición al pasar a la categoría absoluta, lo que le supone “mucho orgullo pero también mucha presión”. Comenta que “lo toma como un reto, como un voy a ser el que pase de Junior que ha estado ganando desde que era pequeño hasta que llegó en absoluto y ahí también seguir ganando”.
Finalmente, Guillermo define el patinaje como “libertad, arte, movimiento y sobre todo delicadeza”. “Es una forma de expresarse, cada uno tiene su propio estilo y el patinaje es la ayuda para mostrar esa personalidad. Por eso se llama patinaje artístico, por no seguir el molde, sino crear tu propio patinaje, dejar tu huella”, concluye.
Adrián Benedicto comparte su experiencia en el Curso Superior de Periodismo en Eventos Deportivos de la APDE
José Luis Vadillo / 08-04-2026
Adrián Benedicto, actual presentador de El Futbolín en Radio Marca, visitó el Curso Superior de Periodismo en Eventos Deportivos de la Asociación de Periodistas Deportivos Europeos (APDE) para compartir su recorrido profesional y ofrecer a los alumnos una visión práctica de la radio deportiva actual.
En su charla, Benedicto relató cómo su trayectoria rompe con los itinerarios tradicionales del periodismo: “Lo que me ha pasado en la vida es estar en el momento adecuado en el lugar adecuado”, comenta, destacando la combinación de suerte, iniciativa y aprendizaje constante que ha marcado su carrera. A pesar de no contar con formación académica en periodismo “No he estudiado periodismo, soy autodidacta”, su determinación y curiosidad le han permitido consolidarse en el medio: “Mandé más de cincuenta correos a empresas enseñando lo que podía aportar”.
El periodista explicó cómo su perfil audiovisual y su manejo de redes sociales fueron clave para su incorporación a Radio Marca: “Me contrataron perfil audiovisual y redes”. Junto a Felipe del Campo, ocupa la franja nocturna más exigente de la emisora, de 23:00 a 01:00: “Estamos en la franja más complicada de la radio, 23:00-01:00”, lo que exige creatividad y constante reinvención del contenido para conectar con la audiencia.
Benedicto también abordó la importancia de generar oportunidades desde fuera de las estructuras tradicionales: “Si no tienes el hueco o el sitio lo tienes que tener desde casa”. Durante la sesión, hizo hincapié en la relevancia de desarrollar contenido propio y en la utilidad de las redes sociales para construir una marca personal: “El efecto TikTok tiene que ser algo duradero” y recordó que, a veces, incluso los experimentos más ambiciosos no funcionan como se esperaba: “Quisimos ir de guays con contenido de Primera y Segunda RFEF y no salió”.
Entre los ejemplos que compartió con los alumnos, destacó iniciativas de participación de la audiencia: “Con un vídeo de preguntas perdí hasta diez euros con la gente”. Más allá de lo anecdótico, la reflexión subyacente fue la de apostar siempre por contenidos cercanos y participativos.
Durante la charla, Benedicto también enfatizó la necesidad de una visión transversal del medio: “En Marca tienes que aprender de todo”. Además, abordó cuestiones de diversidad y estrategia empresarial en la radio deportiva: “Poner un perfil femenino nos lo implantan desde arriba”.
En cuanto a cómo acceder a la profesión, el periodista destacó la diferenciación, la preparación y el análisis: “Aparecí con un PDF de qué podía mejorar en cada franja horaria” y “también tienes que saber qué es lo que hace alguien bien y mejorarlo”. Finalmente, reflexionó sobre la importancia del trabajo en equipo: “Tu equipo tiene que ser mejor que tú”. Para Benedicto, aunque la suerte es un factor, esta se construye sobre la base de la iniciativa, la preparación y la capacidad de anticiparse a un sector en constante cambio.
La charla ofreció a los alumnos una visión práctica del periodismo deportivo, sus retos y oportunidades, al mismo tiempo que permitió acercarse a la realidad de la radio en directo y la experimentación digital. Sin duda, una experiencia enriquecedora que pone de manifiesto la importancia de la vocación, la preparación y la innovación en la comunicación deportiva actual.
Óscar Rodríguez, entre lesiones y grandes vueltas: su carrera y el sueño de renovar con Ineos
David Revilla / 07-04-2026
Óscar Rodríguez cuenta con nueve años de experiencia como ciclista profesional. Murias, Astana, Movistar e Ineos han sido testigos de su evolución, en equipos en los que ha podido compartir vestuario con nombres muy ilustres del pelotón internacional como Alejandro Valverde, Miguel Ángel López, Egan Bernal o Filippo Ganna, entre otros. Pero el mejor compañero que ha tenido no es ninguno de ellos: “No tengo dudas. El mejor compañero que he tenido es Ion Izagirre. Cuida a los compañeros que da gusto, es mi ciclista favorito. Yo con Ion Izagirre a muerte”, cuenta para HA10.
Óscar Rodríguez saltó a la fama en 2018. Por entonces formaba parte del Euskadi Murias, un equipo que no pertenecía al WorldTour, la máxima categoría del ciclismo. Ese año, el conjunto recibió una invitación para disputar La Vuelta a España, y Rodríguez fue uno de los ocho elegidos, con el sueño de ganar una etapa.
Y lo consiguió. En la etapa 13, con final en La Camperona, se impuso tras completar una fuga de gran nivel. Así recuerda ese momento: “Éramos treinta y dos en fuga y tres compañeros del Murias. Se metió gente muy buena. Llegamos a la última subida con la carrera empatada. Puse mi ritmo, recuperé el tiempo que había perdido al principio y gané. Aunque vuelva a ganar, que lo veo difícil, no creo que se vaya a repetir un momento tan bonito”.
Al año siguiente, Óscar no pudo repetir éxito, pero sí lo hizo su compañero Mikel Iturria. Fueron años destacados para un equipo que, sin embargo, desapareció a finales de 2019: “Fue muy triste porque al principio iban a continuar. No sé qué pasó. De un día para otro, cerró el equipo”. Óscar pudo encontrar acomodo, pero no todos sus compañeros corrieron la misma suerte: “La mayoría pudimos recolocarnos en algún equipo, pero hubo otros, cinco o seis, que tuvieron que colgar la bicicleta. Fue una pena”.
Su siguiente destino fue Astana, su primer equipo en el WorldTour, del que guarda buenos recuerdos: “Astana era un equipo mediterráneo, la mayoría eran italianos. Una experiencia chula. Salir de Murias e ir a un equipo grande, es todo diferente”. Una etapa en la que le tocó trabajar para los líderes, aunque también “tenía mucha libertad, podía disputar etapas de montaña”.
Tras dos años en Astana, recaló en Movistar, el gran equipo español: “En Movistar estuve con Valverde y Enric Mas, que eran los líderes. Es muy fácil todo, en Movistar era todo muy fácil”. Durante su etapa en el equipo telefónico participó en el Giro de Italia 2023, donde sufrió la peor caída de su carrera: “Se fastidió el riñón y estuve muchos días en el hospital. Orinaba sangre. Estuve muchos días quieto y me metí al rodillo. Al no haber baches ni vibraciones, podía andar ahí, hasta que me dijeron que había cerrado la herida y pude volver a competir”.
En 2024 fichó por Ineos, uno de los equipos más potentes del pelotón. “Es otro mundo”, confiesa Óscar Rodríguez. “Es un sueño venir a este equipo, es lo máximo. Como ciclista, no creo que haya ningún equipo mejor que Ineos. El nivel de exigencia es altísimo, un error se paga caro y te lo hacen saber. El que no rinda, saben que se va a su casa”.
Con Ineos disputó la Vuelta 2024 como gregario de Carlos Rodríguez, que venía de ser séptimo en el Tour. “Fue una vuelta de mierda, por lo menos no llovía. Perdimos muchos corredores con el Covid”. Además, Carlos no cumplió con las expectativas y terminó décimo: “Como aficionados, cometemos el error de dejarle el peso del equipo a Carlos. Como tiene un motor grande cualquier año Carlos va a estar en el podio de cualquier gran vuelta”.
La suerte no ha acompañado a Óscar Rodríguez en los últimos años. En 2025 sufrió una grave lesión en la mano y una alergia persistente que le impidió rendir con normalidad. “El año pasado fue un año muy malo. Me rompí la mano en Jaén, luego vino una época de alergia muy mala. A final de año me operé de la nariz porque no respiraba nada. Era un problema de los cornetes, me los redujeron, para ver si en 2026 podía andar mejor”.
Este 2026 lo comenzó de forma similar. Una caída entrenando en pretemporada le provocó una fractura de cadera, una grave lesión que le obligó a perderse la primera parte del año. “Tenía en el calendario Catalunya y País Vasco”, cuenta para HA10. Su recuperación avanza positivamente y ya pone fecha a su regreso: “Voy muy bien. Casi no tengo dolor. Creo que para finales de abril podré estar”. Acaba contrato esta temporada, pero espera “poder renovar, sería increíble”.
Óscar Jiménez: del fútbol sala profesional a formar a nuevas generaciones
Alejandro Hernández Blázquez / 07-04-2026
La relación de Óscar Jiménez con el deporte comenzó en su ciudad natal, Salamanca, concretamente en los Escolapios. “Practicábamos todos los deportes: fútbol, fútbol sala, balonmano, voleibol, baloncesto, natación, atletismo…”. Fue en el fútbol sala donde más destacó, lo que le permitió integrarse en el equipo del Sol Fuerza Salamanca. Su progresión le llevó a debutar con apenas diecisiete años en la Primera División (División de Honor) con el primer equipo de su ciudad, iniciando así una de las carreras más destacadas del fútbol sala español.
El salmantino jugó hasta los treinta y cinco años, pasando por clubes como Segovia o Inter y logrando todos los títulos a nivel de clubes. Sin embargo, para él ese no es el aspecto más importante: “Cada título es una recompensa al trabajo y la dedicación, pero lo que realmente me llena es ver cómo el deporte sigue formando personas y dejando huella”.
El que fuera cierre de la selección española en cuatro ocasiones reconoce también un recuerdo amargo en su carrera: “Fui internacional con España, pero me quedó la espina de no ir al Mundial que ganamos”, comentaba para HA10.
Caracterizado por su competitividad y su capacidad de adaptación a los equipos, se retiró en 2008 en el Tuco Muebles Fútbol Sala de Cartagena, aunque nunca se desvinculó del deporte. Su estrecha relación con Joma, que fue su patrocinador durante quince años como jugador, le abrió las puertas para incorporarse a la marca como responsable de patrocinios. Una etapa que continúa hasta hoy y en la que su pasado como deportista de élite resulta clave: “Me facilita mucho la relación con los deportistas. Hablo su mismo idioma, entiendo sus necesidades. No es solo un acuerdo económico, hay que crear vínculos personales”.
Además, destaca el papel del fútbol sala como uno de los deportes estratégicos de la marca, junto al atletismo y los deportes de raqueta, donde cuentan con algunos de los mejores jugadores del mundo y presencia en múltiples ligas.
Sobre la visibilidad del fútbol sala, reflexiona: “No tan infravalorado, sino que el fútbol tiene mucho más altavoz. El fútbol sala se practica mucho en todo el mundo, pero le falta visibilidad”.
Óscar también dedica parte de su tiempo a la formación de jóvenes a través de su escuela en Salamanca, Intersala, que cuenta con más de 340 alumnos. “Mi objetivo es que los chicos disfruten y se diviertan. No hay nada más importante que hacer deporte, a cualquier nivel”, asegura.
En esta línea, defiende el fútbol sala como una disciplina dinámica y participativa: "El fútbol sala es continuo, nadie puede esconderse y te hace pensar muy rápido. Todos los chicos deberían pasar por él antes de jugar al fútbol once, porque les ayuda a mejorar su técnica y su rapidez mental", explica.
Para Óscar, el deporte ha sido mucho más que una carrera profesional: “Lo que más felicidad me ha dado, aparte de mi familia, es el deporte. Gracias al fútbol sala he conocido a personas interesantes, he vivido grandes experiencias y he podido continuar vinculado al deporte que tanto amo”, concluye.
Con su experiencia como jugador de élite, sigue formando a jóvenes y transmitiendo valores. Óscar Jiménez demuestra que el deporte no solo se mide en títulos y logros, sino también en su capacidad para cambiar la vida de las personas. Para él, el fútbol sala es mucho más que un juego: es pasión, enseñanza y un camino para inspirar a las nuevas generaciones.
Aitor Nieto, “El Diamante”, el boxeador que pulió su carrera hasta brillar en lo más alto
Raúl Peraza / 06-04-2026
Aitor Nieto, nacido en Oviedo, comenzó a tomarse el boxeo en serio con dieciséis años. A los veinte disputó su primera pelea, en la que se alzó con la victoria. Tras siete años en el ámbito amateur y neoprofesional, decidió dar el salto definitivo al profesionalismo, donde acabaría construyendo una trayectoria destacada dentro del boxeo asturiano.
Conocido como El Diamante, el propio púgil explica el origen de su apodo: “Porque yo siempre tenía una cristalería y con lo único que se corta el cristal es como un diamante. Y así es como tú cortas a los rivales”.
Nieto repasa para HA10 sus inicios en este deporte: “Pues yo empecé como un hobby, yo había hecho otros deportes, había hecho atletismo, hice judo de pequeño, natación y probé el boxeo, me gustó y estopé en el año 99 en el Palacio de los Deportes de Torriedo. Empecé con Gitano Jiménez y bueno, vi que se me daba bien el boxeo, empecé a competir, hice cuatro combates de boxeo amateur, gané los cuatro y hasta el año 2022 que me retiré”.
A lo largo de su carrera, logró ser seis veces campeón de España en peso wélter, además de conquistar el título de campeón del mundo latino y el campeonato de Europa. Sobre el momento que marcó su salto al profesionalismo, recuerda: “Ahí fue en el Palacio de Deportes de Gijón y si dabas el salto a profesional no podías volver a la amateur. Entonces me lo tuve que pensar bien y así decidí dar el salto y hasta que conseguí todos los títulos que conseguí”.
De sus veintiséis victorias como profesional, diez llegaron por K.O. Sin embargo, hubo un combate especialmente exigente: “La última que hice, que llegué a los diez asaltos, fue con un chico más joven que yo y fue en el año 2019”.
También analiza su evolución sobre el ring y los cambios en su estilo de combate: “Pues yo decía boxear, no sabía boxear bien. Entonces tiraba muchos golpes al aire, no me cubría bien. Levantaba la cabeza, que si levantas la cabeza es peor porque te cogen a golpes fácilmente. Entonces la técnica cuando pasé a profesional, que busqué un preparador físico, pues que es Juan del Valle. Entonces con él mejoré mucho el fondo físico. Luego con él empecé también a hacer la dieta y fue cuando empecé a dar el peso a vueltas, que es sesenta y seis kilos. Pues fue así cuando ya más eficiente me vi. Antes era más fuerza bruta y después ya hay que ir puliendo la técnica”.
En la actualidad, cuenta con un centro deportivo en Oviedo y trabaja en la formación de nuevos boxeadores. Sobre los aspectos que valora en sus pupilos, señala: “Lo que veo es que tenga valor. Cuando hacen su primer sparring, cuando veo que un chico recibe un golpe y ves que se acojona, que no se atreve a sacar manos, ese chico es el que no vale para boxear. El que ves que lleva el golpe y se cabrea y quiere ayudar a devolverlo, ese es el que vale. Pues sí, si te cagas, la verdad que le va a pasar canutas haciendo boxeo. Entonces aquí puede venir todo un entrenador”.
Además, comparte su objetivo como entrenador: “Los chavales, yo como organizo muchas veladas, pues oye, seguir entrenando a los chavales y que lleguen lo más lejos posible. Si puedo sacar a un profesional y que llegue a ser un campeón como soy yo, pues oye, el bienvenido sea. Más que mejor”.
Por último, recuerda dos combates que no llegaron a producirse y que considera cuentas pendientes en su carrera: “Bueno, son dos espinas. Una era hacer la revancha con un rival que había perdido, que se llama Ferino Quinto. Me hubiera gustado también boxear con Germán de Járraga, que éramos los dos. Era el número dos, entonces éramos después o vueltas los dos. Y era un combate que todo el mundo quería ver y nunca se dio. No se dio porque, mira, una vez que le ofrecimos boxear aquí en Oviedo, iba a boxear yo la revancha con Ferino y Ferino nos dejó tirados a última hora y entonces en esa velada iba a boxear también Germán. Entonces, para no buscarle un rival a Germán y otro rival a mí, le ofrecimos boxear conmigo y no quisieron”.
Nathan Matos: talento y esfuerzo desde la arena de Gran Canaria
Gonzalo Díaz / 05-04-2026
Nathan Matos, jugador del Club Voleibol Playa Gran Canaria, es un referente dentro del equipo y doble campeón de la Copa del Rey de Vóley Playa. En una reciente entrevista, contó a HA10 detalles sobre su carrera, su club y sus objetivos futuros.
Al hablar de su club, Nathan señala que lo primero que le viene a la cabeza es que es un club de referencia en España, donde todo el mundo quiere jugar por lo que representa. También comenta que para él es un orgullo representar a Gran Canaria en cada torneo y que el club se merece todos los éxitos porque se trabaja muy bien desde abajo, desde la cantera hasta los mayores, algo que no siempre ocurre en otros lugares.
Sobre el vóley playa en sí, explica que es un deporte muy exigente tanto física como mentalmente y que su club tiene una profesionalización que no tiene casi ningún otro en España, comparable incluso a una selección nacional. Destaca que, en los momentos difíciles de los partidos, como el viento o el calor, todo está en la mente: cuando el físico ya no da, hay que tirar de cabeza, y eso es lo que al final da títulos.
Nathan también habla de la importancia de la complicidad con su compañero, fundamental en un deporte de dos jugadores. Señala que su pareja ideal debe defender bien y colocar bien, porque eso complementa su juego. Además, destaca que la parte técnica, como controlar los movimientos para dirigir el balón, suele pasar desapercibida desde fuera. En su club, cuentan con facilidades para estudiar o trabajar, lo que ayuda a equilibrar la vida dentro y fuera del deporte.
Sobre la Copa del Rey, Nathan cuenta que la ganó en 2021 y 2025, y que fue algo espectacular. Explica que no pensaba en ganarla, sino en ir partido a partido, y al final llegó la recompensa. Esta experiencia le permitió ver hasta dónde pueden llegar, aunque afirma a HA10 que eso ya es pasado y que ahora piensan en otros objetivos.
Reconoce que ha perdido más de lo que ha ganado en su carrera, pero que esas experiencias le han ayudado a aprender y mejorar. Sobre esta temporada, comenta que están aprendiendo a ser más equipo, ya que antes el vóley playa era un deporte más individual y ahora la liga exige un enfoque diferente.
En cuanto a los torneos que les representan, menciona la Copa del Rey del año pasado, por el ambiente y lo que transmite. De cara al futuro, Nathan indica que quieren seguir creciendo y mejorar sus resultados, sin conformarse con lo que ya tienen. A nivel individual, busca mejorar la recepción para poder crear mejor juego desde el principio. También envía un mensaje de agradecimiento a patrocinadores, familia y seguidores, considerando su apoyo imprescindible para continuar creciendo, y asegura que ellos darán todo en el campo.
Para concluir, expresa que le gustaría que en el futuro los chicos del club los vean como referentes y puedan llegar a conseguir grandes cosas como ellos.
Marina Muñoz: estudiar Medicina y competir al máximo nivel, un reto constante
June González / 04-04-2026
La joven triatleta segoviana Marina Muñoz, formada en el Triatlón Cuéllar y en el CAR de Río Esgueva en Valladolid, deja claro que su relación con este deporte empezó casi sin planearlo. “Yo me apunté como quien se apunta a cualquier escuela deportiva: iba con mis amigas, pasaba el rato y me volvía a casa”. Desde HA10 hemos podido hablar con ella sobre su trayectoria en el triatlón.
Todo empezó de pequeña: “Siempre he sido una niña muy activa, hacía de todo, incluso fútbol, pero era horrible”. Lo que sí tenía claro es que se le daba bien competir. El primer gran punto de inflexión llegó en segundo de Bachillerato, cuando le ofrecieron irse a Valladolid. “Me costó convencer a mis padres y convencerme a mí misma”.
El cambio no fue fácil. “Al principio fue horrible, no te voy a mentir. Cambiar de instituto, de rutina, vivir en una residencia… se me hizo bola”, reconoce. Entrenamientos por la tarde, clases por la mañana, estudiar por la noche. Pero aguantó y logró adaptarse.
Uno de los momentos que guarda con más cariño es su primera medalla en un Campeonato de España. “Fue en un nacional de duatlón júnior y quedé segunda… pero es que no me lo esperaba para nada”. Fue sin objetivo y la carrera se le quedó grabada. “Me acuerdo de todo, desde el principio hasta el final. Hice una transición muy buena y ahí gané un tiempo clave. Me automotivé sola y lo disfruté muchísimo”, asegura.
El camino no ha estado exento de dificultades. También ha habido dudas, especialmente relacionadas con la universidad. “Compatibilizar Medicina con el alto nivel es muy duro”, reconoce, sobre todo en épocas de exámenes. “Ahí es cuando más dudas tienes”. Sin embargo, siempre ha seguido adelante.
En cuanto a lesiones, ha tenido relativa suerte, aunque no ha estado libre de sustos. “Me rompí los dos meniscos de una rodilla y estuve un año sin poder competir”. Un proceso largo, sin pasar por quirófano, que requirió paciencia. “Era todo el rato probar, ajustar, hacer cosas sin impacto… dar dos pasos adelante y uno atrás”, recuerda.
Hoy, Marina sigue construyendo su versión más completa. “Estoy trabajando bastante la carrera a pie y la natación, que siempre han sido mi punto débil”. Aunque intenta no obsesionarse: “Es verdad que te pones presión tú misma, pero intento no compararme con otros años. Cada carrera es un mundo”.
Sus objetivos son ambiciosos: “Quiero estar en el podio en el Campeonato de España de Duatlón en Cáceres y luego vienen Copas de Europa y del Mundo”. Y a largo plazo, algo aún mayor: el Mundial Multisport en Abu Dabi.
El sueño olímpico sigue vivo: “Intentar esa escalada olímpica, pelear por estar ahí”. Pero también mantiene los pies en la tierra: “Si no consigo ese nivel, igual me decanto por media o larga distancia, pero no quiero tirar la toalla”, asegura.
Más allá de resultados o metas, tiene claro qué es lo que más le llena de este deporte: “Me encanta competir, pero casi disfruto más cuando voy con mi equipo a una liga de clubes y conseguimos algo juntos”. Porque, al final, en un deporte tan individual, esos momentos compartidos saben diferente.
Blanca Benítez: del legado familiar a la lucha por profesionalizar el balonmano
Alex Daniel Ruiz Agüero / 04-04-2026
El balonmano español se construye a partir de historias de herencia y pertenencia. Este es el caso de Blanca Benítez, que entiende el deporte como un vínculo familiar y de amistad. Formada en el club de su colegio, Los Escolapios, su relación con la pelota empezó casi por inercia, ya que sus hermanos jugaban allí. Además, su padre había sido jugador y árbitro años atrás. No fue un flechazo inmediato, ya que probó otros deportes como la natación o la gimnasia rítmica.
Su entrada al balonmano fue fruto de la amistad. “Comencé porque una amiga del cole jugaba con los chicos y como era la única chica, me pidió que probara un día con ella”, contaba para HA10. A esa curiosidad se sumó la figura de su profesor José Antonio Biedma, quien en ese momento era uno de los directivos del club y terminó de impulsarla a jugar.
Desde niña, su atención estuvo puesta en Nerea Pena y Macarena Aguilar, sus ídolos. Con el paso del tiempo, empezó a fijarse también en la visión y elegancia de Stine Oftedal.
Blanca mantiene intacta la ilusión por entrenar, sin importar quién esté enfrente. Una pasión que acompaña con rituales sagrados: “Me suelo poner siempre primero la zapatilla izquierda, me ato los cordones de una forma particular y si puedo calentar en la banda pegada al banquillo, mejor”, nos confiesa.
Al mirar al pasado, rememora con cariño su etapa en el Balonmano Montequinto, especialmente cuando disputaron el top ocho de España en Torrevieja. Aunque no lograron superar la fase de grupos, aquel equipo dejó una huella imborrable. El éxito también ha estado presente, como aquel gol agónico en el último minuto de cuartos en el CESA, que terminó con la consecución del oro.
Para ella, el balonmano es una montaña rusa de emociones. “Lo mejor es el subidón de energía y la excitación de ganar un partido y celebrarlo. Aunque lo peor es la distancia con la familia, la gestión de la autoexigencia y los pensamientos negativos que a veces asaltan a nivel individual”.
Blanca se muestra crítica y reflexiva sobre el estado del deporte: “al balonmano femenino le falta la propia profesionalidad para conseguir serlo”, afirma con rotundidad. Para ella, el avance en los contratos para las jóvenes es un paso adelante, pero insuficiente si no se acompaña de condiciones dignas en salarios, instalaciones y servicios. “Nunca llegaremos a ser realmente profesionales si todos los que participamos en él no nos comportamos como tal”.
Actualmente, disfruta de una etapa de estabilidad personal y deportiva, destacando la enorme química que existe en su vestuario, fruto de años de trabajo conjunto. Con el final de temporada en el horizonte, los objetivos son claros: evitar el "play down", meterse en "play off" y cumplir el sueño de levantar una Copa de la Reina.
A las que vienen por detrás, les deja un mensaje que heredó de su entrenador Ricardo Márquez y que resume su filosofía de vida: “Lo importante no son las medallas, porque esas cogen polvo, sino el recuerdo que creas con las personas con las que las consigues”.
Meltxor Iza y la batalla de cuarenta y cuatro horas en Usurbil: cuando rendirse no era una opción
José Luis Vadillo / 03-04-2026
Hay un momento en las pruebas de resistencia en el que el esfuerzo deja de ser solo físico. Meltxor Iza lo experimentó en Usurbil, durante un desafío de cuarenta y cuatro horas en el que recorrió 295 kilómetros. Él mismo lo resume con una palabra: “locura”.
Su relación con este tipo de retos comenzó hace apenas un año, casi por impulso externo: “mi hermano me convenció”, comenta a HA10. Desde entonces, su preparación ha seguido una pauta clara: acumular kilómetros en días consecutivos y cuidar especialmente la carga energética antes de competir, “metiendo muchos carbohidratos la semana previa”. Aun así, reconoce que hay una parte imposible de entrenar: “es un continuo sube y baja de estados de ánimo”.
La prueba, disputada en un circuito sin ayudas externas, música ni distracciones, plantea un escenario de desgaste progresivo. En ese contexto, el primer momento crítico llegó pronto: “Sobre la vuelta doce pensé en dejarlo y mandé a mi hijo a por mis playeras con las que entreno corriendo por la montaña”. No era solo una cuestión física, sino una decisión mental. Sin embargo, encontró un motivo para continuar: “Pensé: estoy aquí peleando contra la Champions, ¿por qué no soñar?”.
A partir de ahí, cada vuelta se convirtió en una negociación constante con el dolor. “Después de la vuelta treinta y seis me salió un bulto en el cuádriceps”, explica. Pero la dimensión del reto ya había cambiado. Hacía años que no ganaba —“desde que tenía quince años y éramos tres chavales”—, aunque en esta ocasión el resultado parecía quedar en un segundo plano frente a la experiencia.
Fuera de la competición, Iza trabaja en CAF, donde participa en la construcción de trenes. Una rutina alejada de la exigencia del ultrafondo que, sin embargo, contrasta con su capacidad para rendir en contextos extremos. Ese equilibrio entre lo cotidiano y lo excepcional define su perfil.
El papel del entorno fue determinante durante el desafío. Iza subraya el apoyo de su familia en los momentos de mayor desgaste emocional, así como el de su equipo, los Kabronazos. También destaca a quienes le acompañaron en bicicleta durante la prueba: “uno me dijo: ‘tú vas a ganar’”, y a la organización de Ibaiondo, que hizo posible el desarrollo del evento. Para él, se trata de un esfuerzo compartido.
Esa visión también se traslada a su forma de entender la competición. “No me gusta la palabra ‘contrario’”, afirma a HA10. Y profundiza en esa idea al referirse a la clasificación: “A la segunda persona se le llama ‘asistente’, una palabra que no me gusta nada. No hace justicia al esfuerzo realizado. El que queda segundo tiene el mismo mérito y reconocimiento que yo”.
Tras cruzar la meta, el impacto exterior fue inmediato: “Dejé el móvil en la mochila y las redes eran una locura”. Sin embargo, lo esencial había ocurrido antes, durante esas cuarenta y cuatro horas marcadas por una tensión constante entre abandonar o continuar.
Porque recorrer 295 kilómetros no es solo una cuestión física. Es, sobre todo, la capacidad de sostenerse cuando aparece la duda. Y, como mostró Meltxor Iza en Usurbil, entender que incluso en el momento de querer parar, también se sigue avanzando.
Óscar Marugán: de la grada al primer equipo del BM Nava
Alberto Martín / 03-04-2026
Hay historias que comienzan lejos del foco. La de Óscar Marugán lo hizo desde la grada, viendo a su hermano jugar al balonmano. Hasta entonces, su mundo era el fútbol sala, pero todo cambió cuando empezó a bajar a la pista en los descansos y a probar el balón. El punto de inflexión fue inmediato: “Ese día decidí probar y dejé el fútbol por el balonmano y hasta el día de hoy”.
A partir de ahí, inició un camino que le ha llevado a crecer dentro de su club y a fijarse en referentes como Valero Rivera. En su juego no buscaba la velocidad, sino la precisión: “no es un extremo muy rápido pero es un extremo que tiene muchísima calidad en el lanzamiento”.
El salto al primer equipo no fue sencillo. Pasar de la base a competir con jugadores más experimentados supuso un reto importante tanto físico como mental. “Es un paso muy grande el jugar con gente de tu edad a jugar con gente más mayor y mucho más fuerte y experimentada que tú”, confiesa Óscar para HA10 al recordar esos inicios. Esa adaptación, sin embargo, llegó con el tiempo, el trabajo físico y la confianza del cuerpo técnico.
En ese proceso, Marugán ha entendido dónde se marca la diferencia real: “Puedes entrenar mucho y bien pero lo que te va a hacer mejor jugador es disputar los máximos minutos posibles en el campo”.
Aun siendo muy joven, atraviesa uno de sus mejores momentos en ataque. Su crecimiento se apoya en la constancia, la disciplina y la ambición por mejorar. Para esta temporada, se marca un objetivo claro: “intentar mantener un porcentaje de efectividad alto si es posible por encima del setenta por ciento y mejorar en los lanzamientos desde los siete metros”.
Con los pies en la tierra, también tiene claras sus metas a largo plazo. Aspira a alcanzar la élite del balonmano nacional: “mi techo está obviamente en poder debutar en la selección absoluta de España”. Sin perder de vista sus raíces, añade: “Un gran sueño sería jugar competiciones europeas con el club de mi pueblo”.
Con la permanencia como objetivo colectivo y su progresión individual en marcha, Óscar Marugán sigue dando pasos firmes en su carrera, consolidándose como una de las promesas de su entorno.
Elsa Porto, la veterana canterana del CRAT que aporta experiencia y liderazgo
Víctor Nieto / 02-04-2026
Elsa Porto ha defendido desde las categorías inferiores la camiseta del CRAT. A día de hoy, lo sigue haciendo como una de las jugadoras más veteranas de la División de Honor de rugby femenino. A lo largo de su trayectoria, la gallega ha permanecido en el club coruñés durante toda su carrera, exceptuando la temporada 2021-2022, en la cual dejó el club de su infancia para aterrizar en el CR Sant Cugat con el fin de probar nuevas experiencias debido a su situación personal en aquel momento.
Durante esta temporada, el conjunto gallego no ha conseguido remontar ningún encuentro en el que ha comenzado por detrás en el marcador. “No creo que en ningún momento la actitud general sea bajar los brazos, pero sí que nos falla algo, no sé si en el engranaje, por decirlo de alguna manera, de gestionar las segundas partes. Pero la gestión, no sé muy bien cómo dentro del campo, porque fuera todas más o menos tenemos las ideas de qué puede estar fallando o qué no, y en el entretiempo además también te ayuda con los entrenadores y con capitanas de... Pues falla esto, podemos intentar hacer esto, entonces yo creo que es más un problema de gestión interna pero de la segunda parte, no es ni físico, ni actitud, ni fe yo creo, pero bueno, no sabría muy bien, es justo saber el problema, identificarlo”.
El CRAT es el segundo equipo que más puntos encaja en la categoría. Ante esta situación, la canterana del conjunto gallego analiza el problema en exclusiva para HA10. “La falta de experiencia del equipo, entonces falta conectar entre nosotras y falta crear una bonita red defensiva entre todas que con la red siempre va a ser mucho más fácil porque aunque una compañera falle el placaje tienes a la de al lado para que te lo acabe y ahora mismo como no sabemos muy bien justamente cómo respiramos una con la otra. Individualmente sí que hay algunos fallos en plan de placaje que no deberíamos de tener pero bueno, si tuviéramos esa red, pues mira, falla una un placaje, no pasa nada, la de al lado lo va a solucionar y ya está”.
Elsa habla en exclusiva para HA10 sobre qué fue lo más importante que aprendió durante su etapa en el club catalán y qué le llevó de vuelta a Coruña. “Eran como entrenos muy técnico-prácticos. Y después llegó el Seven en la Copa de la Reina, que eran tres sedes e íbamos un poquito para ver lo que pasaba y pasarlo bien, ya que teníamos ese buen ambiente. Y resulta que lo hicimos genial, en la Copa de la Reina quedamos como campeonas ese año. Además creo que había sido aquí en Coruña. Fue una sensación muy buena porque yo seguía jugando con San Cugat, pero era en Coruña, en mi casa de siempre. Y claro, hasta se hermanaron San Cugat con el CRAT”.
Con treinta y ocho años, Elsa estuvo negociando el año pasado con la directiva para poder seguir vistiendo la camiseta del club de su vida. Eso sí, bajo unas condiciones que ella misma impuso para continuar vinculada al equipo en el que debutó. “El año pasado llegamos ahí a un medio acuerdo con la directiva porque yo les dije que los viajes en autobús son muchas horas, pierdes todo el fin de semana. Cuando empezó la temporada vinieron a hablar conmigo y les conté la situación. Les dije, yo lo siento mucho pero hacer las cosas a medias y estar media comprometida no va conmigo. Entonces llegamos a que la solución podría ser esta que llevo haciendo el año pasado, que sería jugar los de casa, y entrenar pues lo que pueda. Yo sé que realmente no es bueno porque si hubiera un buen equipo, un buen quince, no podríamos permitir esto”.
Melania Cabrera: la fuerza del balonmano más allá de la pista
Nayra de Ganzo / 02-04-2026
Hay historias que empiezan casi sin darse cuenta y acaban convirtiéndose en una forma de vida. En el caso de Melania Cabrera, el balonmano llegó demasiado pronto como para recordar un antes. “Empecé gracias a mi madre a los cuatro años, ya que ella jugaba”, cuenta.
Lo que comenzó como una actividad más pronto adquirió un significado distinto. “Desde el principio me enganchó tanto por el juego como por el ambiente de equipo”. Sin embargo, más allá de la competición, lo que la ha mantenido ligada al balonmano es todo lo que lo rodea: el vestuario, las experiencias compartidas y las personas. “Es un deporte que te exige mucho, pero también te devuelve muchísimo, y eso es lo que me hace seguir apostando por él.” En ese equilibrio entre esfuerzo y recompensa ha construido no solo una carrera, sino también una parte fundamental de su vida.
Formada íntegramente en el Club Balonmano San José Obrero, su trayectoria está marcada por un fuerte sentido de pertenencia. “Este club es mi segunda familia”, afirma. Desde alevines hasta el primer equipo, su crecimiento ha estado siempre acompañado por un grupo que define como una “piñita”, un vestuario unido que ha sido clave en cada paso. Por eso, cumplir su sueño de competir en la élite sin salir de casa tuvo un significado especial. “Pensaba que tendría que salir de la isla para cumplir mi sueño de jugar en Iberdrola. Lo que nunca me imaginaría es que fuera a lograrlo con mi club de siempre, en mi casa y junto a mi mejor amiga.”
Sin embargo, el camino hasta ese momento no fue inmediato. Años de trabajo, ascensos progresivos y una constante adaptación la llevaron hasta la élite. “Ha sido un camino largo y duro”, reconoce, en una trayectoria en la que ha aprendido a competir, a convivir con la presión y a asumir el nivel de exigencia que marca una liga como la Guerreras Iberdrola.
En ese contexto, su crecimiento no ha sido solo deportivo. “He aprendido sobre todo en el aspecto mental”, explica. Gestionar la frustración, mantener la actitud cuando los resultados no llegan o entender que el compromiso va más allá de la pista forman parte de una competición que exige tanto como enseña. “A veces el trabajo, aunque sea mucho y bueno, no da los resultados esperados y es muy frustrante, pero está en ti el cómo quieras afrontarlo”.
Cuando parecía asentarse en ese nivel, la temporada dio un giro inesperado. Una acción aparentemente rutinaria en un entrenamiento terminó en lesión. “Me tiré al suelo a robar un balón dividido y mi mano chocó contra el suelo. Fue todo muy rápido”, recuerda para HA10. Lo que en un primer momento no parecía grave acabó convirtiéndose en una baja de varios meses.
La dificultad no llegó solo por la lesión en sí, sino también por el momento en el que se produjo. Con el equipo inmerso en partidos clave por la permanencia, asumir que no podría ayudar desde la pista fue un golpe duro. “Sentí mucha impotencia y tristeza, era muy duro no poder ayudar al equipo en un momento tan importante.”.
Desde entonces, el reto ha sido otro: aprender a competir desde fuera de la cancha. “Lo más difícil es ver al equipo y no poder aportar directamente”, explica. Vivir los partidos desde la grada, cambiar de rol y asumir esa distancia con el juego forman parte de un proceso que también deja aprendizaje. “Te enseña a valorar mucho más cada momento dentro de la pista y a tener paciencia”.
Ahora, el objetivo está claro: volver. Sin prisas, pero con la misma mentalidad que la ha llevado hasta aquí. “Estoy trabajando para recuperarme bien y volver cuanto antes”, señala. Porque, más allá de resultados o categorías, hay algo que se mantiene intacto desde aquel primer día: las ganas de jugar. Como ella misma resume, “El balonmano se ha convertido en algo fundamental en mi vida, no me imagino mi vida sin él.”.
Asier Nieto, constancia y ambición en el balonmano profesional
Nerea Mateos / 01-04-2026
La trayectoria de Asier Nieto Marcos muestra cómo el trabajo constante y la evolución deportiva pueden abrir puertas en el balonmano profesional. A sus veintiocho años, el lateral izquierdo inicia una nueva etapa en Francia, tras consolidarse en la élite del balonmano español.
Su salto llegó siendo muy joven. “La primera vez que sentí que podía dedicarme profesionalmente al balonmano fue cuando firmé por el Torrelavega con dieciocho años... ahí fue cuando pensé que podía hacer carrera”, explica.
Desde entonces ha pasado por varios equipos, hasta encontrar su mejor versión en el Bidasoa Irún, donde vivió la etapa que más le marcó: “Fue cuando mejor me sentí jugando, me sentía importante y tenía confianza”. Ese crecimiento no fue casual. “Los entrenadores confiaban en mí, me sentía bien físicamente y me entendía muy bien con mis compañeros”, señala sobre un periodo en el que dio un salto notable en su rendimiento en cuanto a números.
Ahora, en el Cesson-Rennes en Francia, afronta un nuevo desafío deportivo y personal. “Tenía ganas de vivir en otro país, jugar en otra liga y aprender otro idioma... estoy disfrutando y aprovechando la oportunidad”, comenta. Reconoce que adaptarse lleva tiempo: “Quizá ahora no estoy en mi mejor momento, pero sé que es parte del proceso y que llegará”.
La experiencia en Francia le ha permitido comparar dos realidades del balonmano. “La liga francesa es más profesional, se cuida mucho más al jugador y las infraestructuras son mejores”, afirma. En lo deportivo, destaca la exigencia física y el ritmo más alto respecto a la ASOBAL. Gracias a medios como HA10, que siguen de cerca la actualidad del balonmano español, su carrera ha ganado visibilidad y reconocimiento.
Nieto también ha estado cerca de consolidarse en la selección española, llegando a entrar en la prelista para el Europeo. “Estar en la lista ya es un premio. Si alguna vez llega la llamada para poder disputar un Campeonato del Mundo, bienvenido sea, pero no es algo que me obsesione”.
Uno de los momentos más destacados de su carrera llegó con la selección española en los Juegos Mediterráneos, donde logró la medalla de oro. “Fue espectacular... todos los jugadores soñamos con estar en la selección y poder vivir algo así”. Además del éxito deportivo, resalta el aprendizaje de enfrentarse a grandes jugadores: “Pude aprender mucho y sentir que todo el trabajo de años tenía sentido”.
Sobre la pista, se define como un jugador completo, capaz de aportar en ambos lados del juego: “Intento adaptarme al rol que el equipo necesita. Cuando más disfruto es cuando puedo ayudar tanto en ataque como en defensa”. Publicaciones como HA10 han seguido su evolución, destacando su capacidad para adaptarse a distintos equipos y ligas, lo que refleja su profesionalidad y compromiso.
De cara al futuro, sus objetivos son claros: seguir creciendo en Francia y, a largo plazo, cumplir uno de sus grandes sueños: “Me encantaría jugar la Champions League”. La ambición de Nieto refleja la combinación de talento, trabajo y constancia que ha marcado toda su carrera.
Adriana Cerezo, la joven estrella del taekwondo español, apunta a Los Ángeles 2028
María Garlo / 01-04-2026
El taekwondo español tiene en Adriana Cerezo a una de sus principales referentes. La madrileña, nacida en Alcalá de Henares, irrumpió en la élite con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio con tan solo diecisiete años. Desde entonces, se ha consolidado en la categoría de -49 kg, en la que ha sido campeona de Europa en 2021 y 2024, además de lograr el bronce europeo en 2022 y el bronce mundial en Bakú 2023.
Su llegada a este deporte fue casi casual: “Comencé con cuatro años y sinceramente no es que me llamase la atención el taekwondo, sino que me gustaban mucho las películas de artes marciales que veía con mi abuelo”, afirmó para HA10. Tras probar varias disciplinas sin terminar de convencerse, acabó en un gimnasio cercano a su casa donde se practicaba taekwondo. Allí encontró su lugar: “cuando tuve el primer examen de cinturón, ya fue amor a primera vista”, dijo Cerezo.
Desde entonces, su progresión fue constante. La propia deportista reconoce que, desde que comenzó a competir, siempre tuvo como objetivo llegar a unos Juegos Olímpicos. Esa oportunidad llegó en 2020, cuando se le presentó la opción de disputar el preolímpico. “No iba a ir solamente a participar, sino que iba a ir a hacer mi mejor rendimiento posible”, comentó. Con apenas diecisiete años, terminó colgándose la plata en Tokio, además de lograr la primera medalla para España en aquellos Juegos.
En el alto nivel, la gestión de la presión es determinante. Incluso para una deportista acostumbrada a competir, “Pasan muchas cosas por la cabeza”, explicó. Sin embargo, Cerezo tiene claro dónde está la clave: “Lo que te va a dar la confianza para poder sobrepasarlos es saber que has hecho todo el trabajo que tenías que hacer y que vas a poder pasar esa barrera”.
En 2024 volvió a demostrar su nivel al proclamarse campeona de Europa, un logro que llegó apenas dos meses antes de los Juegos Olímpicos de París. “me reafirmaba que estaba preparada tanto a nivel físico, técnico, táctico”, afirmó. Sin embargo, la cita olímpica no salió como esperaba. Su derrota en cuartos de final supuso un duro golpe: “Fue un palo grande”, reconoció para HA10. Aun así, la madrileña extrae una lectura positiva: “Todo lo que he vivido me está haciendo mejor atleta y es lo que va a marcar la diferencia en mi futuro”.
Ese proceso de aprendizaje ha sido clave en su evolución: “He ido madurando mucho y he ido conociendo mucho lo que es el deporte de alto rendimiento”, explicó. Una realidad marcada por el esfuerzo diario sin garantías de éxito, muchas veces invisible para el público: “Al final la gente evalúa a los atletas por los resultados, y lo entiendo”. Aunque también matiza: “es muy triste que de repente un único resultado sea lo que determine tu futuro o cómo te está yendo”.
Más allá del aspecto físico, Cerezo pone el foco en el trabajo mental: “Es la que marca la diferencia”. En su caso, ese entrenamiento forma parte de la rutina diaria: “acondicionar su cabeza, su forma de ser y de ejecutar todo para que después también eso se refleje en el tapiz”.
Esa disciplina también se refleja fuera de la competición, donde ha compaginado su carrera deportiva con sus estudios de Criminalística: “para que yo pudiera tener el taekwondo como premio yo tenía que llevar los estudios al día, me he ido acostumbrando a viajar con los libros”, afirma, agradeciendo a sus padres ese hábito. Aunque no se plantea ejercer en ese ámbito, sí valora la importancia de contar con una alternativa: “Aunque el taekwondo sea mi prioridad, quién sabe si mañana se me rompe una rodilla y mi futuro ya no puede depender de él”.
Con la mirada puesta en el futuro, Cerezo asegura encontrarse “perfecta a todos los niveles, con un proyecto de intentar alcanzar una mejor versión tanto física como mentalmente”. Su objetivo está claro: “Los Ángeles es mi sueño”, con la ambición de dar un paso más y luchar por el oro olímpico.
Para Adriana Cerezo, el taekwondo trasciende lo deportivo. “Es mi propósito de vida”, concluyó. Una dedicación total que define su día a día: “veinticuatro horas al día, siete días a la semana y los trescientos sesenta y cinco días del año”. “Rara vez hago cualquier cosa que en mi cabeza no esté en segundo plano en el taekwondo”, afirmó.